cómo explicártelo

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Si no eres espiritualmente "sordo y mudo", puedes descubrir en todo -en el pensamiento, en la ciencia y en la experiencia- un reflejo del Creador que suscitará en ti un deseo de Dios, un deseo con frecuencia escondido y quizá incluso reprimido, pero un deseo fortísimo. 

Esto lo comprendió muy bien San Agustín, que exclamaba: "Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti". 

Dentro de ti, en este admirable laboratorio que es el espíritu humano, el laboratorio de la fe, os encontráis mutuamente Dios y tú. Cristo resucitado entra en tu vida y te permite experimentar su presencia y confesar: Tú, Cristo, eres "mi Señor y mi Dios". 

Aquí tenemos lo que es la fe. Es la respuesta a la palabra del Dios vivo por parte del hombre racional y libre.

LA JMJ 2000 EN CIFRAS
Fuentes de agua: 12.000