Para confesarnos bien son necesarias cinco cosas: examen de
conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados
al confesor y cumplir la penitencia.
Examen de conciencia es recordar todos los pecados
cometidos desde la última confesión bien hecha.
Dolor de los pecados es un sentimiento o pesar
sobrenatural de haber ofendido a Dios.
Propósito de la enmienda es una firme resolución de no
volver a pecar.
Debemos confesar todos los pecados mortales, y conviene
decir también los veniales.
Los pecados se han de confesar con humildad y sencillez,
manifestando los ciertos como ciertos, los dudosos como dudosos, y aquellas
circunstancias que aumenten o disminuyan su gravedad.
Hay que confesar el número exacto de pecados mortales
cometidos, y si no se recuerda, el número aproximado.
El que calla a sabiendas algún pecado mortal comete un grave
sacrilegio, y no se le perdonan los pecados confesados.
Cumplir la penitencia es rezar las oraciones y hacer las
buenas obras que manda el confesor, para satisfacer por la pena temporal de
los pecados.
Breve examen de conciencia
-
¿He dudado o negado las verdades de la fe católica?
-
¿He practicado la superstición o el espiritismo?
-
¿Me he acercado indignamente a recibir algún sacramento?
-
¿He blasfemado? ¿He jurado sin necesidad o sin verdad?
-
¿Creo todo lo que enseña la Iglesia Católica?
-
¿Hago con desgana las cosas que se refieren a Dios? ¿Me
he puesto voluntariamente en ocasión de pecar?
-
¿He faltado a Misa los domingos o días festivos? ¿He
cumplido los días de ayuno y abstinencia?
-
¿He callado en la confesión por vergüenza algún pecado
mortal?
-
¿Manifiesto respeto y cariño a mis padres y familiares?
-
¿Soy amable con los extraños y me falta esa amabilidad
en la vida de familia?
-
¿He dado mal ejemplo a las personas que me rodean? ¿Les
corrijo con cólera o injustamente?
-
¿Me he preocupado de la formación religiosa y moral de
las personas que viven en mi casa o que dependen de mí?
-
¿He fortalecido la autoridad de mi cónyuge, evitando
reprenderle, contradecirle o discutirle delante de los hijos?
-
¿Me quejo delante de la familia de la carga que suponen
las obligaciones domésticas?
-
¿Tengo enemistad, odio o rencor contra alguien?
-
¿Evito que las diferencias políticas o profesionales
degeneren en indisposición, malquerencia u odio hacia las personas?
-
¿He hecho daño a otros de palabra o de obra?
-
¿He practicado, aconsejado o facilitado el grave crimen
del aborto?
-
¿Me he embriagado, bebido con exceso o tomado drogas?
-
¿He descuidado mi salad? ¿He sido imprudente en la
conducción de vehículos?
-
¿He sido causa de que otros pecasen por mi
conversación, mi modo de vestir, mi asistencia a algún espectáculo o con el
préstamo de algún libro o revista? ¿He tratado de reparar el escándalo?
-
¿He sido perezoso en el cumplimiento de mis deberes?
¿Retraso con frecuencia el momento de ponerme a trabajar o a estudiar?
-
¿He aceptado pensamientos o miradas impuras?
-
¿He realizado actos impuros? ¿Solo o con otras
personas? ¿Del mismo o de distinto sexo?
-
Antes de asistir a un espectáculo o de leer un libro,
¿me entero de su calificación moral?
-
¿He usado indebidamente el matrimonio? ¿Acepto y vivo
conforme a la doctrina de la Iglesia en esta materia?
-
¿He tomado dinero o cosas que no son mías? ¿He
restituido o reparado?
-
¿He engañado a otros cobrando más de lo debido?
-
¿He malgastado el dinero? ¿Doy limosna según mi
posición?
-
¿He prestado mi apoyo a programas de acción social y
política inmorales y anticristianos?
-
¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño que haya
podido seguirse?
-
¿He descubierto, sin causa justa, defectos graves de
otras personas?
-
¿He hablado o pensado mal de otros? ¿He calumniado?
-
¿Soy ejemplar en mi trabajo? ¿Utilizo cosas de la
empresa en provecho propio, faltando a la justicia?
-
¿Estoy dispuesto a sufrir una merma en mi reputación
profesional antes de cometer o cooperar formalmente en una injusticia.
-
¿Me preocupo de influir -con naturalidad y sin respetos
humanos- para hacer más cristiano el ambiente a mi alrededor? ¿Sé defender
a Cristo y a la doctrina de la Iglesia?
-
¿Hago el propósito de plantearme más en serio mi
formación cristiana y mis relaciones con Dios?
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os
amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque puedo condenarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca
más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Modo de confesarse
Pídele ayuda a la Santísima Virgen y acércate con
confianza al confesionario. El sacerdote te comprenderá y te ayudará, aunque
no sepas bien cómo confesarte o te dé cierto reparo.
A) Al arrodillarte en el confesonario dirás: "AVE
MARIA PURÍSIMA", o el saludo acostumbrado. Y te santiguarás. También
se puede añadir esta jaculatoria: "SEÑOR, TU CONOCES TODO, TU SABES QUE
TE AMO".
Puedes empezar tu acusación así: "Hace tanto tiempo
que no me confieso (una semana, cinco meses, seis años...); y me acuso de
estos pecados". Y vas diciendo-los tuyos- uno tras otro, de manera
sencilla, clara y breve. Es preferible que comiences por el que más te
cuesta. Los mortales deben decirse todos, indicando en lo posible el número
de veces: ¡no calles voluntariamente ninguno de los que recuerdes, ya que la
confesión no te serviría para nada y cometerías un nuevo pecado que se
llama sacrilegio!
Escucha bien los consejos y la penitencia que te indique el
confesor Y antes de que te absuelva, manifiesta tu contrición, diciendo, por
ejemplo: "JESÚS, HIJO DE DIOS,
APIÁDATE DE MÍ, QUE SOY UN PECADOR".
B) En la absolución del sacerdote, estas son las palabras
esenciales "Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL
HIJO,+ Y DEL ESPÍRITU SANTO". Tú respondes: "AMÉN".
C) Terminada la confesión, agradece al Señor su
misericordia y cumple, lo antes posible, la penitencia impuesta. Procura
también recordar y poner en práctica los consejos recibidos.
Recuerda, finalmente, que para comulgar bien, además de
estar en gracia de Dios, se requiere no haber comido ni bebido -excepto agua y
medicinas- al menos desde una hora antes; y saber que en la Sagrada Comunión
recibimos a Jesucristo Nuestro Señor. A los enfermos no les obliga el ayuno.