Antes de empezar es bueno pedir ayuda a la Santísima Virgen -es nuestra Madre- y
acercarse con confianza al confesionario.
El sacerdote le comprenderá muy bien y le ayudará, aunque Vd. no sepa bien cómo
confesarse o le dé cierto reparo.
A) Al arrodillarse en el confesionario se dice: «AVE MARÍA
PURÍSIMA», u otro saludo. Y se santigua. También se puede añadir esta
jaculatoria: «SEÑOR, TÚ CONOCES TODO, TÚ SABES QUE TE AMO».
Puede empezar su acusación así: «Hace tanto tiempo que no me
confieso (una semana, cinco meses, seis años, desde mi Primera Comunión...)», o «no me
acuerdo mucho de cómo funciona esto, ayúdeme a hacerlo...»; o, si sabe como va,
comience directamente: «me acuso de estos pecados». Y los va diciendo, uno tras otro, de
manera sencilla clara y breve. Es preferible que comience por el que más le cuesta.
Los mortales deben decirse todos, indicando en lo posible el número de veces. No deje de
exponer voluntariamente ninguno de los que recuerde.
Escuche bien los consejos y la penitencia que le indique el
confesor. EN TODO MOMENTO PREGUNTE CON CONFIANZA LO QUE DESEE. Y antes de que le absuelva,
manifieste su contrición, diciendo, por ejemplo: «JESÚS, HIJO DE DIOS,
APIÁDATE DE MÍ, QUE SOY UN PECADOR».
B) En la absolución del sacerdote, después de las palabras: «Y
YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS EN EL NOMBRE DEL PADRE,+ Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO»,
Vd. responde: «AMÉN».
C) Terminada la confesión, no olvide agradecer al Señor su
misericordia y cumplir, lo antes posible, la penitencia que le hayan indicado. Procure
también recordar y poner en práctica los consejos que ha recibido.
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