Una página WEB de
obligada consulta



   San Agustín tuvo su momento, su experiencia. Todo comenzó con un Toma y lee.
   Le invitamos a vivir su momento, su experiencia para descubrir, conocer y proponerse en serio -o más en serio todavía- la vida cristiana.
   El Papa ha convocado en el año 2000, en Roma, la XV Jornada Mundial de la Juventud. Serán varios millones l@s que respondan a su llamada y acudan a esta cita -del 15 al 20 de agosto- desde los rincones más remotos de los cinco continentes.
   Con este motivo, Juan Pablo II ha escrito una página en la web a tod@s l@s jóvenes del mundo. La puede consultar completa en la dirección www.vatican.va.
   En este mensaje viene todo un programa para los que con corazón inquieto descubren a Dios y aspiran a ser felices, haciendo felices a los demás. Si quiere, podemos leer y comentar juntos algunos párrafos que hemos seleccionado y vienen a continuación:


   “He elegido como lema de la Jornada Mundial de la Juventud la frase lapidaria con la que el apóstol Juan expresa el profundo misterio del Dios hecho hombre: «la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros».
   Lo que caracteriza la fe cristiana, a diferencia de todas las otras religiones, es la certeza de que el hombre Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios, la Palabra hecha carne, la segunda persona de la Trinidad que ha venido al mundo. Esta es la alegre convicción de la Iglesia desde sus comienzos.




Jesús es el Hijo de Dios

   Dios, el invisible, está vivo y presente en Jesús, el hijo de María, la Madre de Dios. Jesús de Nazaret es Dios-con-nosotros: quien le conoce, conoce a Dios; quien le ve, ve a Dios; quien le sigue, sigue a Dios; quien se une a él está unido a Dios.

está vivo y podemos conocerle, tratarle y quererle

   En la vigilia del nuevo milenio, renuevo de corazón la invitación urgente a abrir de par en par las puertas a Cristo, el cual a todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios.


abrirle las puertas
de nuestra vida

   En la Encarnación Cristo nos dio la redención, que es fruto sobre todo de su sangre derramada sobre la cruz. En el Calvario Él soportaba nuestros dolores y fue herido por nuestras rebeldías. El sacrificio supremo de su vida, libremente consumado por nuestra salvación, nos habla del amor infinito que Dios nos tiene.
   ¡Qué valor debe tener el hombre a los ojos del Creador, si ha merecido tener tan grande Redentor! Jesús se puso en nuestro lugar, rescatándonos sobre la cruz del mal y del pecado.


A la vista de Jesús, muerto en la Cruz, descubrimos el sentido del dolor humano: ese gran enigma de la historia

   Del mismo modo que el centurión romano viendo como Jesús moría comprendió que era el Hijo de Dios, también nosotros, viendo y contemplando el Crucifijo, podemos comprender quién es realmente Dios, que revela en Él la medida de su amor hacia el hombre.


aprender a contemplar un
Crucifijo

   La Cruz, que parece alzarse desde la tierra, en realidad cuelga del cielo, como abrazo divino que estrecha al universo. La Cruz «se manifiesta como centro, sentido y fin de toda la historia y de cada vida humana».

esa cruz que a veces no entendemos es un abrazo de Dios

   «Uno murió por todos»; Cristo se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma. Detrás de la muerte de Jesús hay un designio de amor, que la fe de la Iglesia llama “misterio de la redención”: toda la humanidad está redimida, es decir liberada de la esclavitud del pecado e introducida en el reino de Dios. Cristo es Señor del cielo y de la tierra.
   En todos los acontecimientos de la vida, incluso la muerte, salimos vencedores, gracias a aquel que nos amó hasta la Cruz.



¡estamos salvados! De ahí brota el optimismo cristiano


   Queridos jóvenes, frente a estos grandes misterios aprended a tener una actitud contemplativa. Permaneced admirando extasiados al recién nacido que María ha dado a luz, envuelto en pañales y acostado en un pesebre: es Dios mismo entre nosotros.
   Mirad a Jesús de Nazaret, por algunos acogido y por otros vilipendiado, despreciado y rechazado: es el Salvador de todos. Adorad a Cristo, nuestro Redentor, que nos rescata y libera del pecado y de la muerte: es el Dios vivo, fuente de la Vida.
   ¡Contemplad y reflexionad! Dios nos ha creado para compartir su misma vida; nos llama a ser sus hijos, Nos llama a ser “suyos”:
quiere que todos seamos santos. Queridos jóvenes, ¡tened la santa ambición de ser santos, como Él es santo!

¡Amor con amor se paga! La única respuesta válida del hombre al amor es amarle: esto es la santidad

 

Con la Encarnación, el hombre -todo hombre- adquiere su máxima dignidad: ¡Vd. también es hijo de Dios!

   Me preguntaréis: ¿pero hoy es posible ser santos? Si sólo se contase con las fuerzas humanas, tal empresa sería sin duda imposible. De hecho conocéis bien vuestros éxitos y vuestros fracasos; sabéis qué cargas pesan sobre el hombre, cuántos peligros lo amenazan y qué consecuencias tienen sus pecados. Tal vez se puede tener la tentación del abandono y llegar a pensar que no es posible cambiar nada ni en el mundo ni en uno mismo.
   Aunque el camino es duro,todo lo podemos en Aquel que es nuestro Redentor. No os dirijáis a otro sino a Jesús. No busquéis en otro sitio lo que sólo Él puede daros.


¿Santo yo? ¡Sí, Vd.!



A la humanidad no le salva ni las ideologías, ni los partidos políticos, ni "el estado de bienestar": la salvación viene de Jesucristo

   Jóvenes de todos los continentes, ¡no tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio! Sed contemplativos y amantes de la oración, coherentes con vuestra fe y generosos en el servicio a los hermanos, miembros activos de la Iglesia y constructores de paz.

¡Sin miedo al amor de Dios!

Esta es la oración de los hijos que Jesucristo nos enseñó:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

 

   Para realizar este comprometido proyecto de vida, permaneced a la escucha de la Palabra, que el Evangelio se convierta en vuestro tesoro más apreciado y sacad fuerza de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía y de la Penitencia.

leer y meditar cada día el
Evangelio

la Confesión y la Eucaristía facilitan acceso directo a los ficheros más profundos del Amor de Dios

   El Señor os quiere apóstoles intrépidos de su Evangelio y constructores de la nueva humanidad.








la fe cristiana exige un comportamiento ético: la rectitud moral de la propia conducta y el empeño en construir una sociedad más justa y solidaria

   Deseo de corazón que el Jubileo, ya a las puertas, sea una ocasión propicia para una gran renovación espiritual y para una celebración extraordinaria del amor de Dios por la humanidad.

el reto del año 2000
y de cada día


   El misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y el de la Redención por él llevada a cabo para todas las criaturas constituyen el mensaje central de nuestra fe. La Iglesia lo proclama ininterrumpidamente durante los siglos, caminando «entre las incomprensiones y las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios» (S. Agustín) y lo confía a todos sus hijos como tesoro precioso que cuidar y difundir.

   También vosotros, queridos jóvenes, sois destinatarios y depositarios de este patrimonio: Ésta es nuestra fe. Ésta es la fe de la Iglesia. Y nosotros nos gloriamos de profesarla, en Jesucristo nuestro Señor. Lo proclamaremos juntos en ocasión de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en la que espero que participaréis en gran número.

El centro de la fe es Jesucristo, pero el conjunto de verdades se articulan en el Credo que los cristianos rezaron desde el inicio:

Creo en Dios Padre, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

   Dirijamos ahora la mirada a la Virgen Madre de Dios. Cuando Dios le reveló a María su proyecto, encontró en Ella, joven como vosotros, un corazón totalmente disponible a la acción de su amor.

Jesús nació de María,
la Madre de Dios.
A partir de las palabras del Ángel los cristianos elaboraron el AVE MARÍA, esta bella oración tan repetida:

Dios te salve; María, llena eres de gracia; el Señor es contigo;bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

   Desde hace siglos la piedad cristiana recuerda todos los días, recitando el Angelus Domini, la entrada de Dios en la historia del hombre. Que esta oración se convierta en vuestra oración, meditada cotidianamente.

El ANGELUS lo reza mucha gente a las doce de la mañana:

- El Ángel del Señor anunció a María;
- Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Ave María...
- He aquí la esclava del Señor;
- Hágase en mí según tu palabra.
Ave María...
- Y el Verbo de Dios se hizo hombre;
- Y habitó entre nosotros.
Ave María...
- Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
   Oración: Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas, para que habiendo conocido por la voz del Ángel la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y su Cruz, alcancemos la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

   Que María Santísima os enseñe, queridos jóvenes, a discernir la voluntad del Padre del cielo sobre vuestra existencia. Que os obtenga la fuerza y la sabiduría para poder hablar a Dios y hablar de Dios. Con su ejemplo os impulse para ser en el nuevo milenio anunciadores de esperanza, de amor y de paz.

María ayuda a descubrir la propia vocación, a hacer oración y a hablar de Dios a los que nos rodean

   A Ella, que cumple sin interrupción el ministerio de Madre de la Iglesia y de cada cristiano, le encomiendo con confianza la preparación de la XV Jornada Mundial de la Juventud.

María es Madre
de cada uno

   En espera de encontraros en gran número en Roma el próximo año, os encomiendo a Dios y os bendigo a todos, junto a vuestras familias y las personas queridas”.


   Juan Pablo II
Del Mensaje para la XV Jornada Mundial de la Juventud

¡Próxima cita:
Roma,
agosto del 2.000!