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He elegido como lema de la Jornada
Mundial de la Juventud la frase lapidaria con la que el apóstol Juan expresa el
profundo misterio del Dios hecho hombre: «la Palabra se hizo carne, y puso su
Morada entre nosotros». |
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Dios, el invisible, está vivo y presente en Jesús, el hijo de María, la Madre de Dios. Jesús de Nazaret es Dios-con-nosotros: quien le conoce, conoce a Dios; quien le ve, ve a Dios; quien le sigue, sigue a Dios; quien se une a él está unido a Dios. |
está vivo y podemos conocerle, tratarle y quererle |
En la vigilia del nuevo milenio, renuevo de corazón la invitación urgente a abrir de par en par las puertas a Cristo, el cual a todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios. |
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En la Encarnación Cristo nos dio la
redención, que es fruto sobre todo de su sangre derramada sobre la cruz. En el
Calvario Él soportaba nuestros dolores y fue herido por nuestras rebeldías. El
sacrificio supremo de su vida, libremente consumado por nuestra salvación, nos habla del
amor infinito que Dios nos tiene. |
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Del mismo modo que el centurión romano viendo como Jesús moría comprendió que era el Hijo de Dios, también nosotros, viendo y contemplando el Crucifijo, podemos comprender quién es realmente Dios, que revela en Él la medida de su amor hacia el hombre. |
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La Cruz, que parece alzarse desde la tierra, en realidad cuelga del cielo, como abrazo divino que estrecha al universo. La Cruz «se manifiesta como centro, sentido y fin de toda la historia y de cada vida humana». |
esa cruz que a veces no entendemos es un abrazo de Dios |
«Uno murió por todos»; Cristo
se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma. Detrás de la muerte de
Jesús hay un designio de amor, que la fe de la Iglesia llama misterio de la
redención: toda la humanidad está redimida, es decir liberada de
la esclavitud del pecado e introducida en el reino de Dios. Cristo es Señor del cielo y
de la tierra. |
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¡Amor con amor se paga! La única respuesta válida del hombre al amor es amarle: esto es la santidad
Con la Encarnación, el hombre -todo hombre- adquiere su máxima dignidad: ¡Vd. también es hijo de Dios! |
Me preguntaréis: ¿pero hoy es posible ser
santos? Si sólo se contase con las fuerzas humanas, tal empresa sería sin duda
imposible. De hecho conocéis bien vuestros éxitos y vuestros fracasos; sabéis qué
cargas pesan sobre el hombre, cuántos peligros lo amenazan y qué consecuencias tienen
sus pecados. Tal vez se puede tener la tentación del abandono y llegar a pensar que no es
posible cambiar nada ni en el mundo ni en uno mismo. |
¿Santo yo? ¡Sí, Vd.! A la humanidad no le salva ni las ideologías, ni los partidos políticos, ni "el estado de bienestar": la salvación viene de Jesucristo |
Jóvenes de todos los continentes, ¡no tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio! Sed contemplativos y amantes de la oración, coherentes con vuestra fe y generosos en el servicio a los hermanos, miembros activos de la Iglesia y constructores de paz. |
¡Sin miedo al amor de Dios! Esta es la oración de los hijos que Jesucristo nos enseñó: Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo.
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Para realizar este comprometido proyecto de vida, permaneced a la escucha de la Palabra, que el Evangelio se convierta en vuestro tesoro más apreciado y sacad fuerza de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía y de la Penitencia. |
leer y meditar cada día
el la Confesión y la Eucaristía facilitan acceso
directo a los ficheros más profundos del Amor de Dios |
El Señor os quiere apóstoles
intrépidos de su Evangelio y constructores de la nueva humanidad. |
la fe cristiana exige un comportamiento ético: la rectitud moral de la propia conducta y el empeño en construir una sociedad más justa y solidaria |
Deseo de corazón que el Jubileo, ya a las puertas, sea una ocasión propicia para una gran renovación espiritual y para una celebración extraordinaria del amor de Dios por la humanidad. |
el reto del año 2000 |
El misterio de la Encarnación
del Hijo de Dios y el de la Redención por él llevada a cabo para todas las criaturas
constituyen el mensaje central de nuestra fe. La Iglesia lo proclama
ininterrumpidamente durante los siglos, caminando «entre las incomprensiones y las
persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios» (S. Agustín) y lo
confía a todos sus hijos como tesoro precioso que cuidar y difundir. |
El centro de la fe es Jesucristo, pero el conjunto de verdades se articulan en el Credo que los cristianos rezaron desde el inicio: Creo en Dios Padre, todopoderoso, creador del cielo y de la
tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y
gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de
Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer
día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de
Dios Padre; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y muertos. Creo en el Espíritu
Santo; la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos; el perdón de los pecados;
la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén. |
Dirijamos ahora la mirada a la Virgen Madre de Dios. Cuando Dios le reveló a María su proyecto, encontró en Ella, joven como vosotros, un corazón totalmente disponible a la acción de su amor. |
Jesús nació de
María, Dios te salve; María, llena eres de gracia; el Señor es
contigo;bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre
Jesús. |
Desde hace siglos la piedad cristiana recuerda todos los días, recitando el Angelus Domini, la entrada de Dios en la historia del hombre. Que esta oración se convierta en vuestra oración, meditada cotidianamente. |
El ANGELUS lo reza mucha gente a las doce de la mañana: - El Ángel del Señor anunció a María; |
Que María Santísima os enseñe, queridos jóvenes, a discernir la voluntad del Padre del cielo sobre vuestra existencia. Que os obtenga la fuerza y la sabiduría para poder hablar a Dios y hablar de Dios. Con su ejemplo os impulse para ser en el nuevo milenio anunciadores de esperanza, de amor y de paz. |
María ayuda a descubrir la propia vocación, a hacer oración y a hablar de Dios a los que nos rodean |
A Ella, que cumple sin interrupción el ministerio de Madre de la Iglesia y de cada cristiano, le encomiendo con confianza la preparación de la XV Jornada Mundial de la Juventud. |
María es Madre |
En espera de encontraros en gran número en Roma el próximo año, os encomiendo a Dios y os bendigo a todos, junto a vuestras familias y las personas queridas.
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¡Próxima cita: |