Es la OPCIÓN que más compromete, la única que
entusiasma y la que de verdad realiza como persona. Hoy se diría que es la que más mola,
pues como dijo San Agustín -¿se acuerda?-: Nos hiciste, Señor, para Ti
e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en Ti.
La meta nos la pone Dios. Es ambiciosa. Afecta directamente al corazón: Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas
tus fuerzas. Y al prójimo como a ti mismo.
Amar a Dios, enamorarse del ser más perfecto y
más bueno. Poder decir de verdad: ¡yo soy amigo de Dios, de la familia de Dios, hijo
de Dios! Esto no es un modo de hablar, sino una realidad en la vida diaria de
los cristianos.
Y amar al prójimo como a uno mismo, es decir,
más que la propia cuenta corriente, que aprobar el carnet de conducir, que el ordenador
portátil o que mi tiempo libre. Amar al prójimo implica, por tanto, aprender a cortar
las alambradas láser con las que el egoísmo nos aísla y nos impide tener abierto el
corazón a todos. Hay mucho trabajo: ¡son tantos los millones de hombres que se odian, se
pelean, se matan, se drogan o se ignoran!
Para aspirar a la plenitud no hace falta sentir una particular emoción
o tener unas cualidades peculiares, ni irse a un desierto, ni oír no se sabe qué voces
interiores espirituales, ni ser una persona especial: algun@ se imaginan a los cristianos
como seres extraños, ajenos a la realidad, incluso feos, bajitos, gangosillos, que no se
comen una rosca y más anticuados que los huesos de Atapuerca.
El cristiano no es así. El cristiano es normal; amar a Dios es lo
normal: Nos hiciste, Señor, para ti,.... Lo
anormal es lo contrario, por muy extendido que esté. Tod@ hij@ de vecin@ está llamad@ al
amor, a la santidad (son palabras sinónimas).
¿Me permite concretar un poco más en su persona?: Tú,
estimado y paciente lector@, eres hij@ de Dios. Dios te conoce, te quiere y te espera. Tu
felicidad -y la de muchos- depende de ti, de que te decidas a conocerle y amarle. A Él y,
con su ayuda, a tod@s los human@s empezando por l@s que tienes alrededor. Dios hará todo
en ti, tú déjate ayudar. Abre a Cristo sin miedo las puertas de tu corazón.
Le damos, pues, la bienvenida y le aseguramos que es verdad lo que le
estamos contando. Su vida va a ser a partir de ahora verdaderamente im - presionante.
Tendrá dolor, problemas o dificultades como todos, pero el que ama a Dios es tan feliz
que se le convierten todos los días en festivos; y, en fiesta, todo el día de todos los
días. ¿Cómo lo ve?
Si se lo propone, la gracia de Dios no le faltará. Además el plan es de
lo más razonable, porque a l@s hij@s -¡ojalá que a tod@s!- les encanta querer a sus
padres. Hay mucha gente que no sabe que somos hij@s de Dios y que Dios es un padrazo
genial: si correspondemos al cariño que nos tiene a cada un@ -ha leído bien, a cada un@ personalmente-
seremos felices -aquí en la tierra y después en el cielo- y haremos felices a l@s
demás.
Se lo podríamos contar con más detalle, pero ya sabe Vd. que, en las
cosas del amor, lo mejor es experimentarlo personalmente. Así que... Vd. mismo. ¡Pero
empiece ya! Es muy fácil amar a Jesucristo porque es el amor de verdad y la fuente de
todos los verdaderos amores que hay en el mundo. De todas maneras, y para ayudarnos, en
una página web, más adelante, se sugiere un camino de amor para
entrar en el nuevo milenio.
Es importante para esta superfascinante aventura del corazón que
compruebe si su disco duro tiene los gigabytes necesarios para
recibir el aluvión de gracia y de felicidad que supone conectar el propio corazón con el
de Cristo.
Pero antes, un aviso importante sobre el tema que
va a ocupar el siguiente capítulo: ¡asegúrese también de que su ordenador personal
está libre de virus! Tenga mucho cuidado. Le cuento lo que me acaba de suceder.
Cuando preparaba esta página un amigo me pasó un disquete
que infectó mi ordenador. Una informática que controla mucho comprobó que se trataba
del virus W 97 M. Class y lo persiguió con eficacia hasta su
total exterminio. Se trata de un virus polimórfico que -entre otras gracias-
envía mensajes insultando a los usuarios. Se incluye a continuación la ventana con sus
características para prevenir a posibles víctimas. ¡No sabe Vd. lo que sentí cuando
apareció en pantalla, y ante mis atentas e inexpertas narices informáticas, you
are a jerk! Fui corriendo al diccionario. ¿Se imagina..., jerk? ¿Yo, un
jerk, un simple jerk, un jerk cualquiera? ¡Qué crisis!
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