Opción 2:
Aspirar a la plenitud

 

Es la OPCIÓN que más compromete, la única que entusiasma y la que de verdad realiza como persona. Hoy se diría que es la que más mola, pues como dijo San Agustín -¿se acuerda?-: “Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en Ti”.

La meta nos la pone Dios. Es ambiciosa. Afecta directamente al corazón: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y al prójimo como a ti mismo”.

Amar a Dios, enamorarse del ser más perfecto y más bueno. Poder decir de verdad: ¡yo soy amigo de Dios, de la familia de Dios, hijo de Dios! Esto no es un modo de hablar, sino una realidad en la vida diaria de los cristianos.

Y amar al prójimo como a uno mismo, es decir, más que la propia cuenta corriente, que aprobar el carnet de conducir, que el ordenador portátil o que mi tiempo libre. Amar al prójimo implica, por tanto, aprender a cortar las alambradas láser con las que el egoísmo nos aísla y nos impide tener abierto el corazón a todos. Hay mucho trabajo: ¡son tantos los millones de hombres que se odian, se pelean, se matan, se drogan o se ignoran!

Para aspirar a la plenitud no hace falta sentir una particular emoción o tener unas cualidades peculiares, ni irse a un desierto, ni oír no se sabe qué voces interiores espirituales, ni ser una persona especial: algun@ se imaginan a los cristianos como seres extraños, ajenos a la realidad, incluso feos, bajitos, gangosillos, que no se comen una rosca y más anticuados que los huesos de Atapuerca.

El cristiano no es así. El cristiano es normal; amar a Dios es lo normal: “Nos hiciste, Señor, para ti,...”. Lo anormal es lo contrario, por muy extendido que esté. Tod@ hij@ de vecin@ está llamad@ al amor, a la santidad (son palabras sinónimas).

¿Me permite concretar un poco más en su persona?: Tú, estimado y paciente lector@, eres hij@ de Dios. Dios te conoce, te quiere y te espera. Tu felicidad -y la de muchos- depende de ti, de que te decidas a conocerle y amarle. A Él y, con su ayuda, a tod@s los human@s empezando por l@s que tienes alrededor. Dios hará todo en ti, tú déjate ayudar. Abre a Cristo sin miedo las puertas de tu corazón.

Le damos, pues, la bienvenida y le aseguramos que es verdad lo que le estamos contando. Su vida va a ser a partir de ahora verdaderamente im - presionante. Tendrá dolor, problemas o dificultades como todos, pero el que ama a Dios es tan feliz que se le convierten todos los días en festivos; y, en fiesta, todo el día de todos los días. ¿Cómo lo ve?

Si se lo propone, la gracia de Dios no le faltará. Además el plan es de lo más razonable, porque a l@s hij@s -¡ojalá que a tod@s!- les encanta querer a sus padres. Hay mucha gente que no sabe que somos hij@s de Dios y que Dios es un padrazo genial: si correspondemos al cariño que nos tiene a cada un@ -ha leído bien, a cada un@ personalmente- seremos felices -aquí en la tierra y después en el cielo- y haremos felices a l@s demás.

Se lo podríamos contar con más detalle, pero ya sabe Vd. que, en las cosas del amor, lo mejor es experimentarlo personalmente. Así que... Vd. mismo. ¡Pero empiece ya! Es muy fácil amar a Jesucristo porque es el amor de verdad y la fuente de todos los verdaderos amores que hay en el mundo. De todas maneras, y para ayudarnos, en una página web, más adelante, se sugiere un camino de amor para entrar en el nuevo milenio.

Es importante para esta superfascinante aventura del corazón que compruebe si su disco duro tiene los gigabytes necesarios para recibir el aluvión de gracia y de felicidad que supone conectar el propio corazón con el de Cristo.

Pero antes, un aviso importante sobre el tema que va a ocupar el siguiente capítulo: ¡asegúrese también de que su ordenador personal está libre de virus! Tenga mucho cuidado. Le cuento lo que me acaba de suceder.

Cuando preparaba esta página un amigo me pasó un disquete que infectó mi ordenador. Una informática que controla mucho comprobó que se trataba del virus W 97 M. Class y lo persiguió con eficacia hasta su total exterminio. Se trata de un virus polimórfico que -entre otras gracias- envía mensajes insultando a los usuarios. Se incluye a continuación la ventana con sus características para prevenir a posibles víctimas. ¡No sabe Vd. lo que sentí cuando apareció en pantalla, y ante mis atentas e inexpertas narices informáticas, “you are a jerk”! Fui corriendo al diccionario. ¿Se imagina..., jerk? ¿Yo, un jerk, un simple jerk, un jerk cualquiera? ¡Qué crisis!