Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y
Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las
cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque puedo
condenarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo
firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.
Amén.
|
Acordaos, Ħoh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y
reclamando vuestro socorro haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza a Vos
también acudo, Ħoh Madre, Virgen de las vírgenes! y gimiendo bajo el peso de mis
pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, Ħoh Madre
de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
|