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"El Rosario concentra en sí la profundidad de todo el
mensaje del Evangelio
del cual escomo un compendio.
Con él, los cristianos aprenden de María
a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar
la profundidad de su amor.
Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como
recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor.
No he dejado pasar ocasión de exhortar a todos a rezar con
frecuencia el Rosario". |

Juan Pablo II
16 de octubre de 2002
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